domingo, 16 de septiembre de 2007
Operación retorno
La verdad que ya era hora. Aquí estoy, algo tarde lo sé, de vuelta, aunque por estos lares no creo que nadie me eche de menos. Todavía no han acabado mis vacaciones- hasta el 24 no tengo clase- pero si que he dedicido dar fin a mi descanso intelectual. Tenía que preparar la puesta a punto de esa cosa que porto sobre mis hombros antes de que empezara a ignorar su anterior existencia.

Atrás queda ya un veranito de lujo, intenso donde he tenido la oportunidad de conocer gente y lugares maravillosos. Ese mesecito de agosto en Galicia, en el pueblo de mis abuelos, donde no he parado quieto. Fiestas, berbenillas donde se oye la canción de la cabritiña, y escapadas nocturnas al rio figuran entre algunas vivencias a destacar.

Y que decir de mi viaje furtivo a París. Pues como para muchos que han ido ya una ciudad impresionante . Pero hay que ir allí para saber hasta que punto es cierto. No lo cronometré pero puedo decir que no cerré en un buen rato la boca de puro asombro al ver la resplandeciente fachada de Louvre, en cuyo interior se hayan caso todas las joyas pictóricas conocidas por mi. Y que decir de lo demás. En definitiva, sin palabras.



Después de unos días en casita la rutina ha vuelto a mi. Matrículas, cursos de idiomas, en definitiva toda la planificación completa de un año de quebraderos de cabeza se ha presentado ante mi y como siempre debo resignarme a abordarla. Ahora que las clases se acercan añoro la sensación de no conocer el día de la semana en que me encontraba, y ni tan siquiera importarme lo más mínimo. Esa sensación de flotar en el vacío, en una armonía total con mi entorno, en plan American Beauty, tumbadito en la cama, contemplando a una bella mujer mientras los pétalos de rosas caían sobre mi. Como decían en Eternal Sunshine, el mundo olvidándose de mi y yo olvidándome del mundo.

Así, en estas jornadas, siento lo mismo que al despertar de un feliz sueño. El mismo temor. Como buen sueño con el contacto de la consciencia tiene una peligrosa tendencia a volatizarse aquellas vivencias que parecieron reales. En el caso de mi veranito, sí lo fueron, obviamente. Por ello, he decidido hacer una terapia peculiar útil y compatible con mi vuelta a la rutina. Atrapar mis memorias estivales aúm frescas sobre un pedazo de papel (digital) para que no sean presa un vendaval de preocupaciones cotidianas menos gratas y sin duda más incómodas.

En los siguientes posts he decido sacar partida de mis vivencias propias utilizándolas como carne de lectura mientras voy engrasando mi maquinaria mental para mayores esfuerzos intelectuales. Sabreís lo que hizé el último verano. Proximamente, en los peores blogs.


 
posted by el capitan alalegre at 14:21 | Permalink |


1 Comments:


At 16 de septiembre de 2007 a las 23:30, Blogger Regina

Jolín, tío, ya me preguntaba yo dónde te metías. menudas vacaciones, ¿eh? :P

Es lo único que echo de menos de ser estudiante: las vacaciones.