viernes, 13 de julio de 2007
Historia de un soñador
Érase una vez un niño que no soñaba mientras dormía. Escuchaba con envidia a otros contar con ilusión sus experiencias ensoñatorias nocturnas, las cuales carecían en muchos casos de pies y cabeza. Pero lo más llamativo para él era la capacidad que tenían para despertar el interés de sus oyentes, quienes intentaban por todos medio darles algún sentido práctico.

Decidido a acabar con su sequía de sueños probó todo clase de artimañas. Dormía todo lo posible y buscaba cualquier excusa para fingirse enfermo y permanecer en cama. Sus padres, preocupados por tan inusitada obsesión por dormir, acudieron a toda clase de médicos. "Parece que intenta hibernar", afirmaban, pensado que su extraña conducta no se debía a otra cosa que la adoración de su hijo por el osito Winnie de Pooh." Puta tele", farfullaban sus progenitores . Los doctores por su parte, al igual que hacen con los ancianos para la aparición de cualquier mal, achacaron semejante comportamiento a la edad. Así nuestro amigo, olvidado por Morfeo e incomprendido por sus semejantes, no hacía otra cosa que soñar con soñar.

Sin embargo, un día, pensando por pensar, le vino la solución a su extraño problema: Ya que no podía soñar mientras dormía, decidió hacer de su vida un sueño. Empezó a imaginarse embarcado en grandes aventuras, ya fuera como capitán de navío o como rey conquistador. Leyó libros y libros, llenando su mente de imaginación e ilusión. Se día cuenta que nada era imposible y que el era capaz de todo. Sólo tenía que creer.

Durante años trataron de embotar su mente: colegio, familia, amigos. Pero no lograron hacerle cambiar. Sin embargo, y practicamente sin darse cuenta, fue el quien se cambio así mismo. La madurez le hizo dejar de interesarse por ser corsario o un gran rey. Pero todos los libros, experiencias y conocimientos adquiridos conservaron la esencia de su espíritu y le dieron un rumbo. Siempre rebelde e incomformista ( no sólo de pelo largo y pendientes en la oreja), pensó que si su pasión era soñar le gustaría dedicar su vida a hacer soñar a los demás. Por ello, decidió dedicarse al cine.

Se esforzó todo lo posible para cumplir su sueño: 4 años de carrera, primero de promoción, ganador de varios premios por sus cortometrajes. Una carta de presentación inmejorable, que no le libró de pasar por los peores tragos, grabando bodas por un sueldo de miseria, mientras escribía con ilusión historias hechas para ilusionar. No obstante su esfuerzo tuvo recompensa y pronto se le presentó su primera gran oportunidad.

Uno de tantos guiones enviados a productoras como botellas al mar llegó a manos de un grupo de personas que vieron en aquellas páginas un éxito garantizado en pantalla. Llamaron a nuestro afortunado protagonista, quien impresionado, aceptó la propuesta, y le pidieron que acudiera a la sede de la productora para firmar el contrato y limar algunos flecos.


Llegó el gran día, y nuestro soñador entró triunfante en la sede viendo ya cumplido su sueño. Avanzó algo desorientado y preguntó en recepción donde se encontraba el despacho donde había sido citado. "En la 4º planta", le indicaron. Dispuesto a tomar el ascensor, atravesó el pertinente control de seguridad. De pronto, sonó la alarma. "Señor, lo siento pero no se pueden introducir ninguna clase de objetos metálicos. Debe dejar el pendiente aquí hasta que salga de esta zona", le explicó el gorila uniformado mientras comía un plátano. Contrariado, entregó su pendiente, uno de sus signos de rebeldía de juventud, sin dejar de ver en aquel acontecimiento un mal presagio.

Llegó a la reunión. Sonrisas, alabanzas y para terminar sablazos. "Hacen falta introducir ciertas modificaciones", sugirieron los ejecutivos con sonrisa de tiburón. Las "modificaciones" suponían cambiar el final. El soñador se negó. " Pues entonces no hay trato, ni tampoco para el contrato de para otros tres films que te íbamos a ofrecer", dijeron los responsables de la productora. Aquella oportunidad no podía des aprovecharse y sin pensárselo dos veces firmó sin darse cuenta en aquel papel el epílogo de su sueño.

Pronto se percató de su error. Advirtió que aquel insignificante incidente en el detector de metales una señal: Para pasar debía dejar muchas cosas atrás, incluso en algunos casos su propia dignidad. En un principio, el sacrificio mereció la pena: premios, reconocimiento,dinero, fama. Pero todo aquello no hizo otra cosa que empeorar la situación. En el punto de mira del público, representaba en los medios un papel, como los actores que caracterizaban a los personajes de sus obras. Dejó de ser el mismo.

Mientras duró el éxito no hubo problema. Vivía en una nube, sin importarle el haber perdido su espíritu original. No le importaba haber dejado de ser un soñador, mientras consiguiera hacer soñar a los demás para que dejaran 5 euros en una de sus películas. Sin embargo, la pérdida de su naturaleza soñadora hizo que sus obras dejaran de hacer soñar. Llegaron los fracasos. A partir de entonces su vida dejó de ser un sueño para convertirse en pesadilla.

Desesperado, buscó un remedio para volver a soñar. Lo encontró, pero fue el peor de todos: las drogas. Creyó encontrar en sus propiedades alucinógenas la solución a su infelicidad.Con este fin consumió en vano sustancia de todo tipo, sin darse cuenta que lo único que hacía era consumir su vida. Un día su cuerpo no aguantó más. Una vecina lo encontró inconsciente tirado en el portal. Una ambulancia lo llevó al hospital y fue ingresado en una habitación planta 4º, donde al cabo de dos semanas aquel soñador murió con su sueño.






 
posted by el capitan alalegre at 3:11 | Permalink |


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