martes, 10 de julio de 2007
Plan de vida
Érase una vez un hombre muy ambicioso que quería lograrlo todo en esta vida. Sin embargo, como hombre que era, sus deseos eran similiares a las del resto de los mortales: tener salud, dinero y amor. Para obtenerlo, consciente de la brevedad de la vida y la amplitud de sus deseos, decidió distribuir cada uno de ellos según la etapa de la vida en la cual eran más anhelados. Así, al amor le correspondía a la juventud, al dinero la madurez y a la salud la vejez.
A su vez decidió que cada uno de sus tres objetivos los cumpliría en el lugar considerado más propicios para obtenerlos. Así, entre todos los destinos posibles, seleccionó tres: París para el amor,EE.UU para el dinero, y España para la salud. Con su plan completamente elaborado, nuestro audaz personaje inció el gran viaje de la vida. Sin embargo, su odisea le iba a deparar más de una desagradable sorpresa.

Llegado a Paris, la ciudad del amor, no tardó mucho en llevarse su primera desilusión. Pronto descubrió que los habitantes de la ciudad del Sena, como cualquier habitante del mundo occidental, no se amaban más que así mismos. Iban, frenéticos de una parte a otra, conversando por sus móbiles, aislados en un mundo no más amplio del que abarcaba su agenda telefónica. En un marcó así nuestro personaje,que permaneció varios años sin no saber nada más en francés que un par de insultos y alguna pedazo de alguna canción de Moulin Rouge , no logró pinzar ni en un seminario de sexología. Por lo tanto, al pobre, ante la dificultad para ser amado , no le quedó más consuelo que perfeccionar el arte de hacerse el amor así mísmo.
Desengañado de su aventura gala, pensó que con el dinero podía comprarlo todo, incluido el amor. Así, el hombre, viajó a EE.UU. , la tierra de las oportunidades, convecido de que allí cambiaría su suerte. No obstante, no hizo otra cosa que empeorar. Desde hacía un par de meses, se había dejado barba. Así ,cuando pisó el suelo del país de las libertades y la familia Bush, fue tomado por un talibán(nombre dado en América para referirse a cualquier musulmán) y apresado por agentes de la MIA (Mando de Idiotez Americana), quienes encontraron en su equipaje material y planos, como pasta de dientes, un champú anticaspa, y una guía turística de Nueva York ,que indicaban de forma irrefutable la intención de cometer actos terroristas en el país. Nuestro desdichado personaje, que no sabía ni donde estaba la Meca, fue encarcelado y torturado en Guantánamo, con objeto de garantizar la paz y la libertad en el mundo.

40 años después cuando se dieron cuenta que la mezcla de champú anticaspa y pasta de dientes no servía para fabricar explosivo, fue liberado sin cargos. El hombre ya peinaba canas, y puesto que no sentía mayor preocupación que su salud, se trasladó a España, donde las fiestas para jubilados en chiringitos playeros y la atención sanitaria gratuita garantizaban un remedio contra los achaques típicos de la vejez.

Durante unos años nuestro amigo fue feliz. Con sus 20 pastillas diarias conseguía hacer frente a la diabetes, la artritis, la hepatitis y otra docena de males más acabados en - itis. Tan confiado en el sistema sanitario del país, un domingo preocupado por pequeño corte en la cariótida, fue a Urgencias para ser debidamente atendido. Craso error. Tras 30 horas de espera,el hombre, fue atendido debidamente por un forense, que en la autopsia certificó una muerte por desangramiento.
Así acabo la desdichada vida del hombre que quería lograr todo en esta vida, menos la felicidad.
A su vez decidió que cada uno de sus tres objetivos los cumpliría en el lugar considerado más propicios para obtenerlos. Así, entre todos los destinos posibles, seleccionó tres: París para el amor,EE.UU para el dinero, y España para la salud. Con su plan completamente elaborado, nuestro audaz personaje inció el gran viaje de la vida. Sin embargo, su odisea le iba a deparar más de una desagradable sorpresa.

Llegado a Paris, la ciudad del amor, no tardó mucho en llevarse su primera desilusión. Pronto descubrió que los habitantes de la ciudad del Sena, como cualquier habitante del mundo occidental, no se amaban más que así mismos. Iban, frenéticos de una parte a otra, conversando por sus móbiles, aislados en un mundo no más amplio del que abarcaba su agenda telefónica. En un marcó así nuestro personaje,que permaneció varios años sin no saber nada más en francés que un par de insultos y alguna pedazo de alguna canción de Moulin Rouge , no logró pinzar ni en un seminario de sexología. Por lo tanto, al pobre, ante la dificultad para ser amado , no le quedó más consuelo que perfeccionar el arte de hacerse el amor así mísmo.
Desengañado de su aventura gala, pensó que con el dinero podía comprarlo todo, incluido el amor. Así, el hombre, viajó a EE.UU. , la tierra de las oportunidades, convecido de que allí cambiaría su suerte. No obstante, no hizo otra cosa que empeorar. Desde hacía un par de meses, se había dejado barba. Así ,cuando pisó el suelo del país de las libertades y la familia Bush, fue tomado por un talibán(nombre dado en América para referirse a cualquier musulmán) y apresado por agentes de la MIA (Mando de Idiotez Americana), quienes encontraron en su equipaje material y planos, como pasta de dientes, un champú anticaspa, y una guía turística de Nueva York ,que indicaban de forma irrefutable la intención de cometer actos terroristas en el país. Nuestro desdichado personaje, que no sabía ni donde estaba la Meca, fue encarcelado y torturado en Guantánamo, con objeto de garantizar la paz y la libertad en el mundo.

40 años después cuando se dieron cuenta que la mezcla de champú anticaspa y pasta de dientes no servía para fabricar explosivo, fue liberado sin cargos. El hombre ya peinaba canas, y puesto que no sentía mayor preocupación que su salud, se trasladó a España, donde las fiestas para jubilados en chiringitos playeros y la atención sanitaria gratuita garantizaban un remedio contra los achaques típicos de la vejez.

Durante unos años nuestro amigo fue feliz. Con sus 20 pastillas diarias conseguía hacer frente a la diabetes, la artritis, la hepatitis y otra docena de males más acabados en - itis. Tan confiado en el sistema sanitario del país, un domingo preocupado por pequeño corte en la cariótida, fue a Urgencias para ser debidamente atendido. Craso error. Tras 30 horas de espera,el hombre, fue atendido debidamente por un forense, que en la autopsia certificó una muerte por desangramiento.
Así acabo la desdichada vida del hombre que quería lograr todo en esta vida, menos la felicidad.