martes, 18 de septiembre de 2007
El efecto magnolio

¿Nadie ha notado alguna vez como algo cuya existencia pasaba por alto de la noche a la mañana se convierte en algo de lo más común? Ya sean países, conflictos bélicos en lejanos pinares o ladrones de bancos con barba postiza, nos parece mentira como hasta entonces, incultos de nosotros, habíamos podido vivir sin saberlo. Menos mal que existen los medios para sacarnos de nuestra ignorancia dándonos en unos minutitos todo los datos imprescindibles para sentirnos informados. ¿O no es así?
Este curioso pensamiento y su inquietante pregunta corroborante me ha venido a la cabeza al recodar un anécdota veraniega que reflejo lo expuesto, aunque eso sí, en un ámbito individual. En agosto le regalaron a mis padres un pequeño magnolio. Al ver arbolito, pude jurar que aquella era la primera vez en que algo parecido se presentaba ante mis ojos. Mis conocimientos de botánica son limitados, propios de un estudiante de letras salido de la LOGSE, y por lo tanto me cuesta identificar algo que no sea un pino o un roble. Para aquellos que no lo conozcan, es una especie con hojas de forma elíptica y flores blancas de tamaño considerable y se puede presentar en forma de árbol o arbusto. Yo, ante la incredulidad de algunos, ratificaba mi completa ignorancia, de la que no iba a tardar en percatarme. Desde aquella jornada, no pase un día sin verlo. En alamedas, jardines particulares, parques, fuera donde fuera, allí había un magnolio, cons sus hojitas y florecitas. Llegado a cierto punto, además de considerar seriamente en ir al psiquiatra, empecé a pensar en todo cuya existencia ignoramos, pese a estar incluso delante de nuestras narices. Todo de lo que no perdemos sin darnos cuenta o inconscientemente obviamos de alguna manera.
Este premisa, planteada en el ámbito de la comunicación de masas, puede contener aspectos inquietantes. Es indudable que ahora más que nunca disponemos de más información y medios de acceder a ella. Están en todas partes, hasta en las bocas de metro, donde se reparten periódicos gratuitos. En apariencia estamos mejor informados. Nos sentimos informados. Esa tranquilidad de poder saberlo todo en cualquier momento. ¿Perfecto, verdad? En mi opinión, solo en apariencia.
Sin contar que cada vez más se aglutinan en torno a grandes empresas de comunicación, cada cual servidor de unos intereses, los medios en su día a día hacen una gran criba de noticias y de datos. Sería un proceso normal, incluso higiénico, si no fuera porque la principal fuente de noticias ( en algunos casos única) de los medios son unas pocas agencias. ¿ Acaso no da la impresión al ver los diferentes telediarios que son diferentes representaciones de un mismo todo? Esto no deja de ser preocupante que además de a la gente de a pie alcance a lo medios. La facilidad para obtener información hace perder el interés en informarse. Está cerca en todos lados, nos bombardean por todos lados con lo mismo. Este fenómeno presenta una doble contrapartida. Por una parte,nos autodesinformamos por no buscar más que las noticias que nos dan, limitando nuestro conocimiento de la realidad. Por otro lado, el hecho de que todos los medios digan lo mismo refuerza la idea de que la información dada es la suficiente y dificulta instintivamente su cuestionamiento y el impulso de buscar más.
Bueno, y todo esta disertación a partir de un maldito árbol. Al final voy a acabar medio chalado. Ahora me voy a descansar, antes de que se me fundan los plomos.
Este curioso pensamiento y su inquietante pregunta corroborante me ha venido a la cabeza al recodar un anécdota veraniega que reflejo lo expuesto, aunque eso sí, en un ámbito individual. En agosto le regalaron a mis padres un pequeño magnolio. Al ver arbolito, pude jurar que aquella era la primera vez en que algo parecido se presentaba ante mis ojos. Mis conocimientos de botánica son limitados, propios de un estudiante de letras salido de la LOGSE, y por lo tanto me cuesta identificar algo que no sea un pino o un roble. Para aquellos que no lo conozcan, es una especie con hojas de forma elíptica y flores blancas de tamaño considerable y se puede presentar en forma de árbol o arbusto. Yo, ante la incredulidad de algunos, ratificaba mi completa ignorancia, de la que no iba a tardar en percatarme. Desde aquella jornada, no pase un día sin verlo. En alamedas, jardines particulares, parques, fuera donde fuera, allí había un magnolio, cons sus hojitas y florecitas. Llegado a cierto punto, además de considerar seriamente en ir al psiquiatra, empecé a pensar en todo cuya existencia ignoramos, pese a estar incluso delante de nuestras narices. Todo de lo que no perdemos sin darnos cuenta o inconscientemente obviamos de alguna manera.
Este premisa, planteada en el ámbito de la comunicación de masas, puede contener aspectos inquietantes. Es indudable que ahora más que nunca disponemos de más información y medios de acceder a ella. Están en todas partes, hasta en las bocas de metro, donde se reparten periódicos gratuitos. En apariencia estamos mejor informados. Nos sentimos informados. Esa tranquilidad de poder saberlo todo en cualquier momento. ¿Perfecto, verdad? En mi opinión, solo en apariencia.
Sin contar que cada vez más se aglutinan en torno a grandes empresas de comunicación, cada cual servidor de unos intereses, los medios en su día a día hacen una gran criba de noticias y de datos. Sería un proceso normal, incluso higiénico, si no fuera porque la principal fuente de noticias ( en algunos casos única) de los medios son unas pocas agencias. ¿ Acaso no da la impresión al ver los diferentes telediarios que son diferentes representaciones de un mismo todo? Esto no deja de ser preocupante que además de a la gente de a pie alcance a lo medios. La facilidad para obtener información hace perder el interés en informarse. Está cerca en todos lados, nos bombardean por todos lados con lo mismo. Este fenómeno presenta una doble contrapartida. Por una parte,nos autodesinformamos por no buscar más que las noticias que nos dan, limitando nuestro conocimiento de la realidad. Por otro lado, el hecho de que todos los medios digan lo mismo refuerza la idea de que la información dada es la suficiente y dificulta instintivamente su cuestionamiento y el impulso de buscar más.
Bueno, y todo esta disertación a partir de un maldito árbol. Al final voy a acabar medio chalado. Ahora me voy a descansar, antes de que se me fundan los plomos.