domingo, 23 de septiembre de 2007
Autoterapia de sindrome posvacacional
Nostalgia y resignación. Con estas dos palabras, maldiciendo al paso irrefrenable del tiempo y al calendario me he levantado esta mañana de domingo, oficialmente el último día de mis vacaciones. Preparo el material y ordeno mi cuarto,inevitablemente abocado a convertirse en un caos de hojas y libros en las próximas semanas. Mientras tanto, escucho música, canciones sueltas (los micrófonos y otras perlas estivales) que me recuerdan momentos de mi embriaguez veraniega, que se esfuma ante la inmediatez de una realidad no deseada. Del presente. También observó a mi fondo de pantalla, esa vista del Louvre, con su pirámide y sus joyas pictóricas, para mi casi todas las del mundo. Y me observo a mi. Me miro al espejo y ya veo el otoño. Soy otoño. La caída irrefrenable de las hojas, el manto dorado depositado sobre el suelo. Resignación y nostalgia.
Me doy cuenta que tan siquiera recordar los felices momentos me ayuda a asimilar del todo esta transición. Son pasado. Y el pasado, pasado está. Paso revista a las fotos, pequeño fragmentos de memoria contenida en un pedazo de papel. Miro las caras, mi rostro y veo a otro, a un extraño. Al ser de mi ser que he dejado en alguna parte. Al yo que abnega de su futuro y vive en aquel presente. Al pasado yo que quiero hacer volver en mi ahora, en este presente. A la ilusión, el optimismo, la despreocupación. La armonía total. Mi combustible vital.
Hoy, en plena crisis energético-anímica particular, busco alternativas para hacer sostenible mi felicidad veraniega. Ideas que aparezcan cual bombilla encendida llenándome de luz. Tampoco sin pasarse, sin llegar a iluminado. No quiero ser líder de ninguna secta ni comercial de una empresa bombillera. Simplemente deseo tranquilidad.
Se que lo que pido era antes posible pero ahora no. Con el cambio, la vuelta a la rutina (menuda paradoja) solo me quedan dos cosas: Resignación y nostalgia. Pero que narices! Pensándolo mejor, ¿de qué me sirve quejarme?Al fin al cabo me gusta lo que estudio y con quien lo estudio. Se que a veces me llevo algún que otro revés, pero por lo demás todo me va de maravilla. Al menos hasta el momento.
Por eso toca cambiar. Cuando mañana me encuentre en el bus con los de siempre a la misma hora de siempre y hablando de lo mismo, no pienso hablar con nostalgia y resignación de mi verano, simplemente porque esos inolvidables recuerdos merecen ser rememorados como se merecen: con una sonrisa en mi poca. Sigueré siendo verano, de espíritu perenne para ser inmune al Otoño, al cambio, a la rutina y a todo lo que no me deja vivir tranquilo.La resignación y nostalgia quedarán colgadas en mi armario de la ignominia. Las sustituiré por otras dos, más luminosas, alegres y vitales: Esperanza y optimismo.

Hoy, en plena crisis energético-anímica particular, busco alternativas para hacer sostenible mi felicidad veraniega. Ideas que aparezcan cual bombilla encendida llenándome de luz. Tampoco sin pasarse, sin llegar a iluminado. No quiero ser líder de ninguna secta ni comercial de una empresa bombillera. Simplemente deseo tranquilidad.
Se que lo que pido era antes posible pero ahora no. Con el cambio, la vuelta a la rutina (menuda paradoja) solo me quedan dos cosas: Resignación y nostalgia. Pero que narices! Pensándolo mejor, ¿de qué me sirve quejarme?Al fin al cabo me gusta lo que estudio y con quien lo estudio. Se que a veces me llevo algún que otro revés, pero por lo demás todo me va de maravilla. Al menos hasta el momento.
Por eso toca cambiar. Cuando mañana me encuentre en el bus con los de siempre a la misma hora de siempre y hablando de lo mismo, no pienso hablar con nostalgia y resignación de mi verano, simplemente porque esos inolvidables recuerdos merecen ser rememorados como se merecen: con una sonrisa en mi poca. Sigueré siendo verano, de espíritu perenne para ser inmune al Otoño, al cambio, a la rutina y a todo lo que no me deja vivir tranquilo.La resignación y nostalgia quedarán colgadas en mi armario de la ignominia. Las sustituiré por otras dos, más luminosas, alegres y vitales: Esperanza y optimismo.


A mí me gusta el otoño y volver a la rutina. Lo mejor para sobrellevar ese síndrome tuyo es convencerse de que lo antinatural son las vacaciones y que la mayor parte de tu vida tendrás que pasarla de la manera "que no te gusta tanto".