lunes, 15 de octubre de 2007
Un día feliciano
Hoy me despertado en un sueño. O más bien estaba todavía dormido. Lunes, madrugar,clases sinónimo de rutina. Sin embargo, al mirarme al espejo, llevo una sonrisa inusual de un rostro a las 6 de la mañana. Hago muecas, me miro, me afeito, en definitiva compruebo lo feo y lo guapo que puede llegar a ser con toda clase de movimientos faciales, pero tras ellos, mis labios vuelven, haga lo que haga, a esa extraña expresión matinal, como si mis fueran de goma y no pudieran adoptar otra forma.


"Hoy va ser un gran día", digo para mi. Aunque nada indica que lo vaya ser. Al menos, fuera, el mundo sigue como siempre siendo en nada diferente de lo habitual. Un asco. Que si asesinan a un periodista en Irak, que si en un país de nombre complicado comen piedras de pura hambre que tienes, o si una veintena de neonazis matan a un negro en defensa propia. Menudo panorama. Pero yo lo escucho en la radio, impertérrito, mientras me preparo el desayuno, poco antes de que medio bote de cola-cao me caiga encima y me deba volver a duchar. Me lo tomo con filosofía y acabo saliendo tarde de casa, dando por sentado que llego tarde. Pero, aunque parezca increíble, al mirarme en un escaparate ese gesto de injustificada alegría sigue allí.


Siguiendo la ley de Murphy, el discurrir de aquel día rutinario iba hacia el caos más completo irremisiblemente. En la parada del bus, el autocar que debería coger va repleto cual metro japones y me quedo sin poder entrar. A estas alturas, mi buena filosófia, las sesiones de yoga y autocontrol de ira previas las hubiera mandado a hacer puñetas. Pero debía ser que Buda me había ilumado, porque la sonrisa seguía alli, bordada en mi cara. Seguía tranquilo, practicamente ensimismado en un feliz sueño del que no me acababa de despertar, o del que todavía no aceptaba que sólo eso: un simple sueño. A decir verdad, según más tiempo pasaba en aquel estado, no es que me sentiera más o menos consciente o pensara en el porqué . Simplemente me sentía feliz. Eso era lo importante.


Continuaba mi lunes lunero. Como predije, cual profeta apocalíptico, llego tarde a clase, donde me espera otra sorpresa. El profesor me entrega un trabajo, con un bonito pero demoledor rosco estampado en su parte superior derecha. El cabrón me lo entrega y me suelta que esta bien pero que ese reportaje no es reportaje. Podría mentar a su madre. Podría haberme amargado el día. Pero nada de eso, tras un breve gesto de contrariedad, me gesto adoptó esa estúpida sonrisa, a la que el carnicero docente, responde con un gesto de incredulidad, casi indignación, como si me hubiera vuelto idiota o no me percatara de la "gravedad" del asunto.


Las horas pasan y pasan, caen y caen, por pura gravedad temporal, y las cosas siguen sin mejorar. Como en una cantina estudiantil, tapadera de un centro de sacrificio de gatos que hace las veces de área de prácticas clandestinas de física nuclear. El menú, horrendo. Pero lo mejor llega en el segundo plato, la carne asada, tan dura que hacía falta rotaflex para cortarla, acompañada, supuestamente, de patatas. Digo supuestamente, porque no vi ninguna.


Así llego la tarde, y la noche, con esas pequeñas cosas que hacen un día inolvidablemente asqueroso. Atasco, bronca en casa, y demás. Total acabo el día y me miro al espejo, y sigue la misma sonrisa inmune a cualquier adversidad. De pronto, suena el móvil, lo cojo y hablo. Por un momento, me sonrisa se mantiene constante sin nada que la altere. Al final, escucho las dos palabras mágicas, la causa de mi perenne alegría."Te quiero". No me hace falta más para ser feliz ni para saberlo de mejor manera. Esa sonrisa tonta, a prueba de bombas, es el reflejo de mi ser.
 
posted by el capitan alalegre at 5:00 | Permalink |


1 Comments:


At 15 de octubre de 2007 a las 13:06, Anonymous Anónimo

Menudo día de perros. ¿Y tan mal se comía en la cantina? Exagerado, que sé de buena tinta que comiste en un chino y te gustó.

Sí todos los días fueran así, ni aunque Buda iluminara, no, mandaría todo a la mie***.

Pero es que soy un negativo y me gusta la lluvia.