domingo, 8 de julio de 2007
La encuestadora
Odio las encuestas, ese invento maligno que constituye practicamente la única salida de los licenciados en sociología. Escapo institivamente de aquellos que con un boli y un papel merodean en la calle a la caza de un incauto a quien hacer las mil y una preguntas más estupidas. Todo para sacar brillantes y útiles conclusiones, como que el 99% de los que van a un casino tienen un microondas en casa.
Así un día de estos, caminaba yo feliz por las calles, cuando al doblar una esquina me encontré con una manada de esos ejemplares preguntantes. Intenté hacerme el loco, pero en seguida dos me cerraron el paso dos de ellas. "Hola! muy buenas. Era para hacer una...". "Tengo prisa", contesté mientras hacía slalom y metía quinta para tomar las de Villadiego.
Sin embargo, que sorpresa la mía al hallar entre aquella tropa una cabellera pelirroja que me resultaba muy familiar." No puede ser ella", pensé. Resuelto a satisfacer mis dudas pese a las consecuencias me acerqué a ella. Mis sorpresas se vieron confirmadas. Allí estaba, una amiga mía, boli en mano, buscando a alguien a quien encuestar.
No se si sería una buena encuestadora, pero como persona es excelente. Es una chavala más maja que las que cuelgan del museo del Prado, divertida y con un puntillo bastante loco. Pero ante todo en un solete, y aunque no nos veamos mucho, siempre guardo de ella un buen recuerdo.
Así fue como, me deje encuestar por ella, ante la atónita mirada de los demás encuestadores de los que había escapado. Después de responder a sus preguntas, sin saber al final que estaba respondiendo, me dió un cupón de lotería (como a todos los demás que superaban el suplicio de la entrevista). Finalmente, me despedí de ella hasta más ver, recordándole un día debía quedar sin falta conmigo y otro amigo común para una comida.
Para acabar, sólo me queda decir que del billete no me tocó ni ún solo euro. Tampoco hacía falta. Conocer a personas como ella es uno de los mejores premios que puedes encontrar en esta vida.
Así un día de estos, caminaba yo feliz por las calles, cuando al doblar una esquina me encontré con una manada de esos ejemplares preguntantes. Intenté hacerme el loco, pero en seguida dos me cerraron el paso dos de ellas. "Hola! muy buenas. Era para hacer una...". "Tengo prisa", contesté mientras hacía slalom y metía quinta para tomar las de Villadiego.
Sin embargo, que sorpresa la mía al hallar entre aquella tropa una cabellera pelirroja que me resultaba muy familiar." No puede ser ella", pensé. Resuelto a satisfacer mis dudas pese a las consecuencias me acerqué a ella. Mis sorpresas se vieron confirmadas. Allí estaba, una amiga mía, boli en mano, buscando a alguien a quien encuestar.
No se si sería una buena encuestadora, pero como persona es excelente. Es una chavala más maja que las que cuelgan del museo del Prado, divertida y con un puntillo bastante loco. Pero ante todo en un solete, y aunque no nos veamos mucho, siempre guardo de ella un buen recuerdo.
Así fue como, me deje encuestar por ella, ante la atónita mirada de los demás encuestadores de los que había escapado. Después de responder a sus preguntas, sin saber al final que estaba respondiendo, me dió un cupón de lotería (como a todos los demás que superaban el suplicio de la entrevista). Finalmente, me despedí de ella hasta más ver, recordándole un día debía quedar sin falta conmigo y otro amigo común para una comida.
Para acabar, sólo me queda decir que del billete no me tocó ni ún solo euro. Tampoco hacía falta. Conocer a personas como ella es uno de los mejores premios que puedes encontrar en esta vida.
Etiquetas: Homenajes

joooooooooooo...k bonito eso k pones de mi! tu tb tas hecho un soleteee!y lo k tu dices aunk nos veamos poko(en el bus de la uni y eso),haces k ese ratillo sea mas ameno. Y nada menos mal k ya akabaron las fatidicas enkuestas...y menos mal tb k pasaban muxos konocidos para engañarles kon el kupon de lotería k nunka toka jaja. weno pos keda ahi pensiente esa komiditaaaa en el mitiko baserri o donde sea! besitosssssssssssssss