jueves, 5 de julio de 2007
Historia del rey descorazonado
Eráse una vez un rey que se veía aquejado por un probema: tenía conciencia. Esto le resultaba particularmente molesto, ya que su condición exigia no tener muchos miramientos con aspectos tan banales como la vida y sentimientos ajenos.

Así la cosas, un buen día al excelso monarca decidió consultar al mago de su corte, compañero de promoción de Merlin, en busca de una solución . El genial mago, del que se decía que era capaz de lograr lo imposible, no tardó en hallar una brillante pero brusca salida a la situación: Sustituir su corazón, humano a merced de sentimientos y emociones, por uno de frío y duro metal, carente de toda humanidad. El gobernante encontró aquella opción como acertada y dispuso todo para que la intervención se realizara lo antes posible. Así empezó el proyecto "Corazón Real"

En apenas dos semanas se forjó aquel corazón que no había de tener piedad ni vergüenza. En su construcción participaron los mejores ingenieros del reino, quienes se aplicaron todo lo posible para despojar a su obra cualquier rasgo de humanidad. Incluso utilizaban términos mecánicos, de tal forma que algunos de los operarios llegaron a dudar de si como que decían aquel enjendro que construían era un corazón destinado al uso humano, o en contra era máquina fruto de las chifladurias del hechizero de la corte, el cual solía nombrar a sus proyectos con extraños nombres que no solían decir nada de su verdadera finalidad.

La "máquina de bombeo", como se llamó al corazón metálico a partir de su salida de fábrica, quedó listo para deshumanizar a su futuro portador.Sin más dilación al día siguiente se procedió a la operación.En la intervención quirurjica participaron los mejores médicos, entre ellos el Doctor House, quien según se dice resolvió dos casos de lupus y uno de sífilis mientras se practicaba la cirujia. " Y en níngun momento le tembló el bastón", señaló el Doctor Matasanos, anestesista real.

La operación resultó un éxito. La "máquina de bombeo" funcionaba a las mil maravillas y la única molestia era el tener que darle cuerda cada 100 horas. Sin embargo, no tardó en olvidar aquel pequeño inconveniente cuando pudo comprobar que era compensado por su beneficios. En las audiencias judiciales pudo aplicar sin inmutarse las penas más duras . Famoso fue el caso del complot de la Escuela Real de Hosteleria, cuyo Cocinero jefe utilizó a los alumnos,quienes sin saberlo espolvorearon arsénico en vez de sal sobre el solomillo, con el fin de asesinar al Conde Pascual. Todos sus miembros fueron ejecutados. Así fue como el monarca pudo dormir tranquilamente tras mandar cortar unas cabezas, aplastar a sangre y fuego la rebelión de una población hambrienta, o aceptar los sobornos de contratistas y constructores de iglesias y catedráles para realizar las recalificaciones de terreno oportunas.

No obstante, poco después se dio cuenta de que desde el trasplante de corazón no había vuelto a sonreir. Era extraño, que alguien colmado de riquezas y rodeado de todo tipo de comodidades, y que para colmo carecía de remordimientos ya no sintiera lo que era la satisfacción o la felicidad. Sin embargo, su misma insensibilidad hacía imposible que el no ser feliz le condujera a la infelicidad. Así pues, el rey no le prestó más atención a sus observaciones y continuó su despreocupada existencia.

Pero el destino es cruel, y albergaba para el monarca una cruel sorpresa. Su único hijo, heredero al trono, había optado por la carrera de las armas y había alcanzado el rango de capitán de un regimiento de infantería. Por aquel entonces se hallaba destinado en una misión inhumanitaria en una de esas correosas colonias orientales cuyo nombre termina en -tán, donde repartía balas y tiritas por doquier. Durante un combate, recibió un impacto de maceta en la cabeza. Fatalmente herido, no se pudo hacer nada para salvar su vida. Murió.

Unos días más tarde el rey recibió la funesta noticia sentado en su trono poco después de haber dado cuerda a su frío corazón metálico. Ni un sólo gesto de tristeza se proyecto en su insigne rostro. Ni una sola señal de dolor o de rabia. En aquel momento el rey supo realmente lo que era estar descorazonado. De pronto se encontró vacío. Sintió que no sentía nada.

El monarca se retiró en silencio a sus aposentos y en 4 días no se supo nada más de él a parte de que devolvía vacíos las platos de comida que le llevaban los criados. Al amanecer de la quinta jornada de encierro, sus consejeros, preocupados, fueron a visitarle y encontraron su cuerpo inerte tendido sobre la cama. Inmediatamente llamaron a un médico que no pudo hacer otra cosa que constatar el fallecimiento. La causa: fallo cardiaco.

Sobre el escritorio se encontró una nota del monarca difunto que decía lo siguiente: Sin sentir no puedo sentirme más que muerto.


 
posted by el capitan alalegre at 5:02 | Permalink |


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