viernes, 6 de julio de 2007
Amor anfibio
Érase una vez un hombre que era alérgico a toda clase de alimento excepto a la carne de rana. Ya de pequeñito sólo comía potitos de rana y siendo adulto y con los dientes totalmente desarrollados sólo podía comer sopa de rana o ancas de rana. Sin embargo, la privación de poder comer cualquier otra cosa fue compensado por un don: era todo un conquistador que traía locas a las mujeres.
Pero el destino le iba a deparar una desagradable sorpresa a nuestro Don Juan. Uno de sus múltiples ligues, a las que dejaba con la misma facilidad que conquistaba, resulto ser una bruja. Con esta hechicera no fue un caso diferente y cuando se cansó, cortó con ella. La mujer, despechada, conociendo los peculiares hábitos alimenticios de su ex, utilizó sus malas artes para vengarse de él. En primer lugar exterminó a todas las ranas que había sobre la faz de la tierra. Para rematar la faena, echó sobre el cafre de su ex una terrible maldición: toda mujer a la que le diera un beso de amor se convertiría en rana.
Como verán, al pobre hombre, privado de otra forma de obtener su alimento, no le quedo más remedio que ligar para sobrevivir. Ayunaba media semana, para los findes, salir en busca de su preciado bocado. Nunca tenía problemas técnicos para conseguirlo, sólo de conciencia. Por ello, procuraba que la conquista fuera rápida y aséptica. Nada de amor. Un aquí te pillo aquí te mato. El beso de turno, y para la cazuela.
Esta era la forma en que el hombre vivía, pero nunca se acababa de acostumbrar. Añoraba saber lo que era ser amado, y no simplemente para poder llevarase algo a la boca. Por otro lado, temía aún más el día en que se enamorara de alguna mujer, ya que no podría besarla como deseaba. Atormentado por llevar semejante existencia, decidió darle un sorprendente utilidad a su monstruosa desviación alimentaria. Lo primero, para lavar su conciencia, financió un programa científico que consiguió a partir de ADN que las ranas volvieran a poblar las charcas del planeta. También escribió libros sobre como cocinar la rana, el más famoso La rana. Más alla del anca, que llegó a ser un best-seller. Con la pasta que sacó abrió un chiringito, el brinca-brinca y convirtió a sus pinchos de ancas de rana en una delicia conocida en todo el mundo. Su fama alcanzó tal nivel que llegó a tener programa de televisión propio.
Esta era la forma en que el hombre vivía, pero nunca se acababa de acostumbrar. Añoraba saber lo que era ser amado, y no simplemente para poder llevarase algo a la boca. Por otro lado, temía aún más el día en que se enamorara de alguna mujer, ya que no podría besarla como deseaba. Atormentado por llevar semejante existencia, decidió darle un sorprendente utilidad a su monstruosa desviación alimentaria. Lo primero, para lavar su conciencia, financió un programa científico que consiguió a partir de ADN que las ranas volvieran a poblar las charcas del planeta. También escribió libros sobre como cocinar la rana, el más famoso La rana. Más alla del anca, que llegó a ser un best-seller. Con la pasta que sacó abrió un chiringito, el brinca-brinca y convirtió a sus pinchos de ancas de rana en una delicia conocida en todo el mundo. Su fama alcanzó tal nivel que llegó a tener programa de televisión propio.
La suerte le sonreía y con la conciencia ya limpia vivía feliz comiendo rana, olvidando de puro ocupado que estaba que el día que se enamorara de una mujer no podría besarla en los labiis. Lo veía lejano, casi ya imposible, acostumbrado a la idea, no exento de cierto desasosiego, de que no iba a ocurrirle jamás.
Sin embargo, el amor es inevitable y cuando tiene que ocurrir, ocurre. Así un buen día el temido día llegó. Conoció una chavalita maja, de preciosos ojos verdes, como las pieles de las ranas que conformaban su dieta, de la que se enamoró irremediablemente. Sentía un enorme deseo de comérsela a besos y para su horror intuyó que pese a verla nerviosa por la cabeza de la bella muchacha debía estar rondando la misma idea. Sin embargo, retrasó el momento lo máximo posible. Pasaron las semanas paseando por la playa, iendo al cine y comportiendo múltiples momentos. Para su horror, nuestro amigo comerranas, que pese a ser un ligón, no había conocido el amor en su vida, se dió cuenta que no estaba haciendo más que prolongar lo inevitable.
Un día, bajo la luz de la luna, lunera, ambos supieron que había llegado el momento. Nerviosos se miraron el uno al otro como si antes del crucial instante tuvieran algo que decirse. De pronto ambos confesaron el motivo de su inquietud al unísono.
-Si te beso te convertiras en rana.
Sorprendidos, ambos se exigieron una explicación para aquella incréible casualidad. El le contó como el había sido victima de las artimañas de la bruja (literalmente) de su ex. Ella le contó que la causa de su desgracia era la pertenencia a una familia de mutantes con aquel peculiar e inutil poder.
Ambos hallaron el uno en el otro un semejante al que querían sin importarle el tener branquias y vivir entre lodozales repletos de molestos mosquistos. Para culminar su amor se besaron y sellaron su compromiso convirtiendose en ranas. Y así fue como la pareja chapoteó feliz en su charca de amor por siempre jamás.
Sin embargo, el amor es inevitable y cuando tiene que ocurrir, ocurre. Así un buen día el temido día llegó. Conoció una chavalita maja, de preciosos ojos verdes, como las pieles de las ranas que conformaban su dieta, de la que se enamoró irremediablemente. Sentía un enorme deseo de comérsela a besos y para su horror intuyó que pese a verla nerviosa por la cabeza de la bella muchacha debía estar rondando la misma idea. Sin embargo, retrasó el momento lo máximo posible. Pasaron las semanas paseando por la playa, iendo al cine y comportiendo múltiples momentos. Para su horror, nuestro amigo comerranas, que pese a ser un ligón, no había conocido el amor en su vida, se dió cuenta que no estaba haciendo más que prolongar lo inevitable.
Un día, bajo la luz de la luna, lunera, ambos supieron que había llegado el momento. Nerviosos se miraron el uno al otro como si antes del crucial instante tuvieran algo que decirse. De pronto ambos confesaron el motivo de su inquietud al unísono.
-Si te beso te convertiras en rana.
Sorprendidos, ambos se exigieron una explicación para aquella incréible casualidad. El le contó como el había sido victima de las artimañas de la bruja (literalmente) de su ex. Ella le contó que la causa de su desgracia era la pertenencia a una familia de mutantes con aquel peculiar e inutil poder.
Ambos hallaron el uno en el otro un semejante al que querían sin importarle el tener branquias y vivir entre lodozales repletos de molestos mosquistos. Para culminar su amor se besaron y sellaron su compromiso convirtiendose en ranas. Y así fue como la pareja chapoteó feliz en su charca de amor por siempre jamás.