viernes, 6 de julio de 2007
El tren de la vida
Érase una vez un joven que tomó un tren para volver a casa después de una noche de fiesta. Agotado de tanta parranda, cayó dormido y cuando se despertó se encontró que en el cielo lucia el sol y el tren pasaba por estaciones cuyo nombre desconocía. Atolondrado y extrañado por todo el tiempo que había tenido que estar sobando miró en un mapa para saber donde se encontraba exactamente. Sin embargo, para su sorpresa no reconocía ninguna de las paradas de ninguna de las lineas de aquel plano.

Confuso ante esa rara tesitura, miró a su alrededor, y vio que su vagón estaba completamente vacío. Pasó de vagón en vagón buscando algún indicio de vida humana hasta que de pronto se topó con una mujer joven que en seguida se percató de su nerviosismo.
-¿Qué te pasa?- preguntó la joven algo preocupada
- Necesito tu ayuda. Estoy perdido.- confesó el joven aliviado en parte por haber encontrado a alguien-¿ No sabrás como ir a Tzameti?
- Ni idea.-respondió la mujer- Si te sirve de consuelo yo tampoco sé a donde voy desde hace tiempo. Simplemente me dejo llevar.- señaló la joven con una sonrisa despreocupada.

El hombre, alucinando en colores ante aquellas palabras, no pudo más que sentirse víctima de una extraña suerte . Sin embargo, un peregrino comformismo se adueñó de él y se percató que en aquella situación era preferible estar en compañía de alguien a quedarse solo. Así pues el chaval, se sentó a hablar junto aquella con la que compartiría periplo a un destino desconocido.

Conversaron y conversaron durante tanto tiempo que se llegaron a olvidar de que este existiera. Hablaron de todo y nada, incluso en algunos silencios con profundas miradas, sin darse cuenta de que sus relojes hacía una eternidad que habían dejado de funcionar. Poco les importaba ya el tiempo, sintiendose dueño de cada instante de uno y del otro. De tanto hablar se conocieron a fondo, aunque sin dejar nunca de sorprenderse el uno al otro. Así fue como ambos aquella peculiar relación parecía ser sellada por un amor infinito.

Sin embargo, sin saber como, el hombre se sintió infectado por una profunda nostalgia por todo aquello que había dejado atrás. Familia, amigos, trabajo. Poco a poco aquel incómodo sentimiento se fue haciendo más hondo hasta que se adueñó de todo su pensamiento. Su compañera, preocupada, al verle perder esa sonrisa y entusiasmo en escuchar y sentirse escuchado, no puedo evitar preocuparase por su estado.
-¿Qué te ocurre? ¿Qué es aquello que anhelas y no te deja ser feliz?- preguntó
- Hecho de menos aquello que dejé atrás antes de embarcarme en este tren. Yo tenía una familia que me quería, unos amigos que me apreciaban. Tenía todo lo necesario para ser feliz.- contestó con un aire melancólico en su voz.
-¿Y es que a caso no lo tienes ahora?- inquirió la mujer.
-Si. Por eso te pido que me acompañes. Quiero que me acompañes en mi viaje de vuelta.
-Lo siento, pero tengo que continuar.Este es mi camino y en el está mi destino. No en ninguno otro. Tu decides.
Y decidió abandonar. Se bajó en la siguiente estación. Instintivamente miró hacia atrás, sintiendo que algo más que una mujer se escapaba en aquel tren de rumbo desconocido.

Se cambió de andén, esperando un tren que le llevara de vuelta. Esperó y esperó bajo una intensa lluvia, pero ningún tres pasó en aquella dirección. Miró el reloj, por segunda vez tras bajarse y vio que llevaba allí más de tres horas. El mismo reloj, que sin percatarse había dejado de funcionar durante el largo viaje.

Preocupado, bajó a preguntar y se encontró en taquilla con un empleado ya mayor que estaría a punto de jubilarse.
-¿No pasan trenes por el anden número 2?
- No, señor, en esta línea sólo hay trenes en una dirección.
Confundido aún por la respuesta formuló otra pregunta- ¿ Y no sabrá que línea va a Tzameti?
¿A Tzameti?- exclamó sorprendido el trabajador.- Hace 30 años que ningún tren pasa por alli. Esa localidad fue arrasada hasta los cimientos durante la guerra y nunca más se volvió a reconstruir.

El hombre aturdido, de pronto se fijó en el calendario que estaba detrás del taquillero. Febrero de 2039. Aturdido, sin saber muy bien que estaba ocurriendo, se retiró en silencio ante la mirada preocupada de su interlocutor. Se encaminó a los servicios para echarse agua fría en la cara, para ver si aquellos extraños acontecimientos no eran más que una ilusión. Nada más lejos. Al mirarse en los espejos de los lavabos, se quedo estupefacto al contemplarse en el espejo. Vio su rostro marcado por las arrugas y por el tiempo, su pelo canoso, su silueta enconvarda, en la que a penas podía reconocerse el joven que algún día fue.

Un profundo desasosiego se apoderó de él . Pensando que lo podía tener todo se quedó sin nada. Ahora estaba solo, maldiciendo a aquel maldito vagón donde había dejado su vida. Sólo le quedaba un montón de recuerdos empañados por la sombra de una oportunidad desaprovechada. Resignado, volvió al andén donde se había apeado de la felicidad, y se montó en el primer tren que paso . Buscó en vano por todo el vagón a la mujer que se había marchado con su esperanza. De pronto se sintió cansado de tanto trajin y quiso descansar. Se sentó en un asiento y se durmió para no volver a despertar jamás.

 
posted by el capitan alalegre at 10:17 | Permalink |


0 Comments: